viernes, 30 de abril de 2010

El elefantito

No morí por placer…

Un elefante corre. Le pegan. Es una cría. Le tiran palos y piedras. El elefantito está asustado, angustiado. Desea que su madre le abrace, pero las elefantas no abrazan, solo defienden, acarician con la trompa.

Él necesita más: un pecho, unos brazos que lo mezan, unos labios que lo besen, una canción que lo duerma…

Los ojos de los elefantes son tristes porque no tienen dedos ni manos para acariciar.

Los hombres se han quedado parados delante del animal, serios… más que eso, tristes diría yo, se han dado cuenta de lo que siente el animal y lloran de vergüenza y de dolor.

Giran sobre sí mismos y se marchan dejando solo al pequeño animal desgarrándosele el alma.

-No llores, mi amor –dijo la brisa.
-Yo no tengo brazos, ni labios, pero mis abrazos y mis besos te sabrán a gloria. Te arrullaré hasta que te duermas y te acompañaré hasta que no me necesites más.

El elefantín sintió un suave olor a rosas y se durmió feliz.

Yo soy la brisa que todo lo envuelve…

martes, 6 de abril de 2010

El verdadero cuento de Caperucita Roja (Para la Revista La Piruleta)

A estas alturas ¿quién se cree el cuento de Caperucita Roja?, yo no, desde luego…

Primero: A Cape, la manda su mamá a casa de su abuelita porque está enferma, con una cesta y la merienda que consiste en, queso, pastel y un tarrito de miel, ¡que yo no digo que esté mal, pero ¿Y la leche? ¿Y los yogures? ¿Y la fruta y la verdura?

Segundo: Tiene que ir por un camino en el que se le aparece un lobo que habla… yo no entiendo nada… ¿desde cuando hablan los lobos? Además es un lobo ñoño: - Ay, Caperucita, Caperucita, ¿dónde vas tan guapa? (y seguro que tenía voz de pito) ¡Que no, hombre, que no…! ¡Que los lobos gruñen, no dicen mojigaterías! Para colmo, el lobo le dice a Cape, que se vaya por el atajo para recoger flores, ¡claro! Y voy yo y me lo creo… Caperucita con una capa y capucha en plena primavera con los prados llenos de flores… ¡Y un churro!

Pero lo fuerte está por llegar. El lobo delante de la puerta de la casa de la abuelita y con voz de pito dice: - Abuelita, abuelita, que soy tu nieta Caperucita; abre, que te traigo la merienda. Y la abuela que parece boba, no reconoce la voz de su nieta y abre. En ese momento se la come el lobo de un bocado. ¡Pero niños! ¡Si los lobos son como perritos! ¿A qué perrito le cabe una abuela entera en la boca? ¡De locos, esto es de locos! Porque esto no queda aquí, sino que llega Caperucita, entra y se encuentra al lobo en la cama con el camisón de su abuela ¡y no se entera! ¿Pero… quién tiene una abuela con cara de lobo? (Bueno, a decir verdad, la abuela de mi amigo Javi, sí)

Y llega eso de:
- ¡Qué ojos más grandes tienes, abuelita! Pero boba, ¿no ves que no es tu abuela?
- ¡Qué nariz más grande! ¡Qué orejas más grandes!
Y claro… ¡Qué boca tan grande tienes! Y va y se la come… igual que a la abuelita, de un bocado.
Pues aquí es donde está la tontería más gorda: si una abuela no cabe en la barriga de un lobo, ¿Cómo van a caber una abuela y su nieta?

Los inventores de los cuentos deben pensar que somos tontos y que nos creemos todo lo que nos dicen. ¡Pues yo no! Y después de contaros todas las mentiras que dice este cuento, me voy a la cama, que estoy esperando que venga Peter Pan a llevarme al País de Nunca Jamás.

Amanece en Madrid