miércoles, 24 de febrero de 2010

El Chaplin

Allí estaba ella, en el Chaplin, en una mesita para dos tomando una copa brandy con cola de la que quedaba menos de la mitad. Llevaba unos cuarenta y cinco minutos esperando y cuatro cigarrillos consumidos.

A pesar de las tenues luces que le daban al pub esa intimidad, miró detenidamente las fotos de Charlot detenidamente. Con bastón o sin él, sentado con o sin bombín, pero siempre con ese bigotillo característico. Todas ellas en blanco y negro sobre las paredes gris perla y con una iluminación perfecta y sacaba de cada una de ellas el sentimiento buscado. Me impactó mucho esa en la que estaba sentado en un escalón mirando a sus pies una rosa coloreada con un rojo intenso… ¡Preciosa!

-Las ocho –pensó, Un cigarrillo más y si no ha venido me marcho. Sacó el fortuna light y al momento uno de los camareros le ofreció la llama de una cerilla que agradeció un una sonrisa que le fue devuelta. Continuó observando a su alrededor varias mesitas ocupadas por parejas con chispas en los ojos y manos entrelazadas, arrullados con esos suaves blues que no le dejaban parar el piel a su ritmo.

En fin, estaba apagando ya el cigarrillo, pidió la cuenta, dejando el importe y algo más en el platillo. Se puso el abrigo, tomó el bolso y se marchó.

El Chaplin. Allí estaba él hora y cuarto después… ¡dos horas de retraso! Con un ramo de flores descomunal. Sabía que no la iba a encontrar… No fue su culpa, sino un cúmulo de circunstancias que no le dejaron llegar a tiempo, pero… ella nunca se llegaría a enterar… Podría haber sido la mujer de su vida….

Amanece en Madrid.