sábado, 16 de enero de 2010

Ayer fue mi primera vez

Fue una experiencia verdaderamente gratificante, agradable, supongo que beneficiosa con una continuidad y aunque un poco reprimida, con un poco de tiempo, esta restricción se tornará atrevida y desenvuelta.

Cuando llegué al Niño Jesús, llamé a Piruleto.
- Hola, soy José, estoy en la puerta del teatro, ¿sabes subir?
- Si, voy para allá…

Subí las escaleras, giré a la derecha y enseguida vi la puerta del teatro. La puerta estaba abierta, las luces encendidas y, en el escenario, había jóvenes ensayando: un mago y unos malabaristas. Piruleto no estaba.

En el pasillo de al lado, había un grupo de personas charlando. Yo esperé.

Un par de minutos después, me dí cuenta que se dirigía hacia mí un individuo de aspecto “normal”. Pensé que me preguntaría si buscaba a alguien o quizá que no podía estar ahí, pero a medida que se iba acercando me fijé en su “no sonrisa”. Era él. Yo buscaba a Piruleto, pero él ya me había dicho por teléfono que era José.

Bromeamos con el e-mail que tendría que haberme mandado y no había hecho por exceso de trabajo y me presentó a otra voluntaria nueva. Hablamos de cómo deberíamos comportarnos a la hora de visitar las habitaciones de los niños, cosas que no son cometido nuestro, comentamos el tema del traje… en fin, un poco de todo y nos preguntó que si queríamos empezar. A mí se me abrieron los ojos como platos…
- ¡claro! –respondí de inmediato.
- Bien, pues entonces acompañad al Profesor Tesla a visitar a los niños.
- Pero tú no puedes ir así –me decía mientras señalaba mi indumentaria. Aunque sea un gorrito te tienes que poner.
- OK, voy a ver lo que encuentro… y me puse un gabán de colorines.
Cogimos el carrito de los libros con forma de casita y nos dirigimos al pasillo de trauma.

Estuvimos con una niña con parálisis cerebral que se había accidentado, pero el Profesor empezó a hablar y a decirle chistes y le regaló un globo en forma de ratón volador… mientras a mí se me derretía el alma sintiendo ese derroche de cariño.

Repartimos algún libro, hice mi primer ratón volador, y no perdía un detalle de lo que pasaba… Después nos pilló Piruleto y nos repartimos. Yo me quedé con Teslas.

Hice algún ratón más y los regalamos a los niños. Un pequeño de dos años, no quería andar, solo quería estar en los brazos de papi. Después de vernos y aún costándole un poquito, se puso a caminar persiguiéndonos. Otro pequeñín no hacía más que llorar; cuando salimos de la habitación ya no lloraba, sino que incluso se estaba quedando dormido.

A otra niña, el Profesor Tesla le preguntó:
- ¿Cuál es el animal que es el último de todos?
La niña no lo sabía, se quedaba cortada y un poco temerosa.
- Venga, te doy una pista –decía Tesla; vive en el agua.
Entonces, le dije a Tesla un poco alterada
– te llaman, te llaman (indicando el pasillo) y cuando él miró hacia allá, le soplé a la niña:
– el delfín.
- El delfín, -dijo ella rápidamente.
Entonces, comenzamos a aplaudirla por lo bien que lo había hecho.

Cada habitación y cada niño fue una aventura distinta. A alguno le dábamos miedo con tanto artefacto y tanto colorín, otros estaban un poco doloridos y no tenían muchas ganas de “payasadas”, pero a casi todos, sobre todo Tesla, les sacó una sonrisa.

Al terminar, esperamos a Piruleto en el lugar donde entran los normales y salen los payasos y al revés, gastamos algunas bromas, incluso me confesó que Marta, la otra voluntaria novata, le había dicho “Piruleto, me gustas” así terminó mi primera experiencia en el hospital.

Todo esto envuelto en un halo de vibración, una ramita de emoción, unas gotitas de efervescencia, una cucharadita de ternura, unas cuantas palpitaciones y tres mil kilos de humanidad.

Amanece en Madrid

miércoles, 13 de enero de 2010

Madre

No pasa el día en que mis ojos no te miren
Que mis oídos no te escuchen
Que mis brazos no te estrechen
Y que mi boca no te bese

Y es que siendo niña
De la mano me llevaste
Y cuando eché a volar yo sola
La dejaste abierta, no la retiraste.


Tú me enseñaste a ser persona,
Me enseñaste a reír, a querer
A echarle valor a la vida,
A ser feliz y a ser mujer.

Te respeto por tus años,
Te admiro por lo que has vivido,
Te agradezco tantas cosas…
Que no sé ni como decirlo.


Que más da cual sea tu nombre
Si te llamas Ana o Piedad,
Porque la persona que yo quiero
Tiene el nombre de MAMÁ.

Por eso en este día
He querido reflejar
Todos estos sentimientos
Y no dejarlos pasar.


En el Día de la Madre
Te los quiero regalar:
Por ser buena, por ser madre,
Porque te quiero sin más.

Porque te ríes y porque te enfadas,
Porque sé que te va a emocionar
Y como somos dos tontas
Nos echaremos a llorar.


Pero tú no te preocupes
Que no es tan malo llorar,
Cuando es un sentimiento
Tan profundo como el mar

El que provoca ese llanto
Que es difícil de parar,
Pero que tú y yo sabemos
Que es cariño de verdad.

Amanece en Madrid