viernes, 30 de abril de 2010

El elefantito

No morí por placer…

Un elefante corre. Le pegan. Es una cría. Le tiran palos y piedras. El elefantito está asustado, angustiado. Desea que su madre le abrace, pero las elefantas no abrazan, solo defienden, acarician con la trompa.

Él necesita más: un pecho, unos brazos que lo mezan, unos labios que lo besen, una canción que lo duerma…

Los ojos de los elefantes son tristes porque no tienen dedos ni manos para acariciar.

Los hombres se han quedado parados delante del animal, serios… más que eso, tristes diría yo, se han dado cuenta de lo que siente el animal y lloran de vergüenza y de dolor.

Giran sobre sí mismos y se marchan dejando solo al pequeño animal desgarrándosele el alma.

-No llores, mi amor –dijo la brisa.
-Yo no tengo brazos, ni labios, pero mis abrazos y mis besos te sabrán a gloria. Te arrullaré hasta que te duermas y te acompañaré hasta que no me necesites más.

El elefantín sintió un suave olor a rosas y se durmió feliz.

Yo soy la brisa que todo lo envuelve…

1 comentario:

  1. Queee bonito!!!!
    Como se te ocurren estas historias?? Hay que tener mucha sensibilidad...
    Un beso.

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