jueves, 17 de diciembre de 2009

Romeo y Julieta en la Alcarria

La Alcarria años 20...

La pared estaba blanca
Era un blanco inmaculado,
Con una escoba encalada.
Un balconcito adornado

Con una reja de forja
Donde había plantados
Los pendientes de la reina
Con dos colores mezclados.

Rojos claveles revientan
En dos botijos quebrados
Y geranios de colores
En tres tinillos rajados.

Tres ventanas fracturaban
La fachada del casón,
Que dignas engalanaban
Y llamaban la atención.

Puerta de madera vieja,
Reseca y con grandes grietas,
Los clavos de cabeza ancha
Adornando las maderas

Que de negro están teñidos
Por quitar el oxidado
Y la cortina extendida,
Rojos y negros los cuadros.

En la esquina de la casa
La Modesta remendaba
Los cojines, la camisa
Y las medias remataba.

El último rayo de sol
Lo aprovechaba en su espalda
Para y llevarse el calorcito
Que este astro le donaba.

Una silla muy chiquita
De aneas, ya muy pasada;
Utilizaba aquella anciana
En sus tardes reiteradas.

Teje y teje la Modesta
A ganchillo sus labores,
Absorta en sus pensamientos
Hace ya muchos albores…

Peina canas, no en exceso,
Recogidas en la nuca
Con dos peinetas de plata
En un moñete acurruca.

Duras arrugas el rostro,
Cuello y frente atraviesan.
Curtidas tiene las manos
De tanto como ajetrean.

De vez en cuando sonríe,
Otras veces lloras hieles.
¡Dura has tenido la vida!
Pocas han sido las mieles.

Desde que tu amado Andrés
Hizo asomo por tu vida,
Sin poder lograr tus nupcias
Quedaste muy abatida.

Pobre hombre este individuo.
Ni oficio, ni beneficio,
sin casa, ni tierras vino,
solo manos y buen juicio.

Valiente fuiste, Modesta
Al escapar con tu amado
Y a Madrid os vinisteis
Sin futuro ni pasado.

Orgullosa te casaste
Muy feliz y enamorada.
Dos de tus hijos nacieron
De esa vida esclavizada.

Después de varios años
Y varios intentos fallidos,
Os aceptaron tus padres
Apiadados, conmovidos.

Poco después de la vuelta
Volviendo por el carril
Llaman a Andrés dando gritos:
Empieza la Guerra Civil.

Madre de dos hijos, sola,
Sin nadie que la proteja.
En uno de los permisos
Embarazada la deja

Andrés. Sin tener ni idea
Vuelve con los sublevados
Ella, con toda su panza
Y los niños lado a lado.

Duermen y comen en cuevas,
Aviones que escupen bombas.
Pare hembra la Modesta;
En el suelo y en la sombra.

Por fin la guerra termina.
Vuelve padre, sucio y flaco.
A sus tres hijos abraza
Y a su esposa le da un saco.

Unas frutas y repollos
Va sacando del talego,
Que había recogido
Cuando volvía de Priego.

Todos los palillos tocan
Aquellos enamorados,
Labran, siembran, sirven, venden…
Hacen pan y unos ahumados.

Inviernos fríos y duros
Con nieve a medio pernal
Viaja por muchos lugares
Para ganarse el jornal.

En verano no es más fácil
La siega es espantosa
Fuego intenso los consume
Para no ganar gran cosa.

Por fin un día contento
Llega el marido a su hogar
Ha encontrado un buen trabajo
Pero tiene que viajar.

A Teruel, cuna del tajo.
Con un pan y alguna broa
En las alforjas. Y un gancho
Para llegar a Lisboa.

Contratado de ganchero,
Empezó con muchas ganas
Guiando troncos por el río.
Serían pocas semanas.

No pasaron ni diez días
Cuando los troncos rodaron
Desde arriba en la montaña
Y a Romeo atropellaron.

Cuando oyó a su cuñado
Modesta, llamarla fuerte,
No contestó, quedó muda,
Imaginose la muerte.

No iba mal encaminada.
No todo estaba perdido:
El tío Aniceto decía
Andrés solo estaba herido.

No sabe como está su hombre;
Desbordando agitación,
Lo encuentra en un camastro:
Recibe la extremaunción.

Qué poco duro la dicha
Que poco duro el amor
Poquitos años los hijos:
Once, cumplió el varón.

Docenas de veces su hijo
Propuso ir al cementerio
Donde su padre dormía.
Modesta con buen criterio

Nunca quiso allí volver
A aquel pueblo de Armallones
Y siempre decía lo mismo
Echando un par de “bemoles”

¿Para qué quieres que suba?
¡No me des ese castigo!
¿Para qué?, si ya no puedo
Traérmelo aquí conmigo.

Este es un trozo de historia
En que no tuvieron suerte
Un Romeo, solo y pobre
Y una Julieta muy fuerte.

Este es un trozo de historia
De mi abuelo, hombre corriente
Y de la mujer que adoró
A su esposo hasta la muerte.

Amanece en Madrid

2 comentarios:

  1. Hermosa dulzura,literatura sumada al amor.

    Una historia verdadera,eso quiero creer.

    Saluda desde Argentina,Liliana

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  2. Si, Liliana, es verdadera. Eran mis abuelos. Gracias por tus palabras.
    Un beso.

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